Fundación Mapfre

Fundación MAPFRE ha presentado hoy, 5 de octubre, en Madrid, la muestra Redescubriendo el Mediterráneo, que propone un recorrido a través de pinturas y esculturas de finales del siglo XIX y principios del XX que convirtieron el Mediterráneo en motor de renovación del arte.

El Mediterráneo, gran protagonista de esta muestra, se convierte así en un símbolo de reconciliación con el pasado y en un lugar de libertad artística para la creación y evolución del arte moderno. De una manera u otra, los artistas presentes en la exposición, tomaron el Mediterráneo, sus aguas y su cultura como uno de los motivos principales en sus composiciones.

El recorrido de la muestra, compuesto por 138 piezas, comienza con la sección España, donde el litoral es, en ocasiones, un lugar para el trabajo pero sobre todo un espacio para el placer, el baño y el juego, escenarios muy habituales en las obras de artistas como Joaquín Sorolla, Cecilio Pla o Ignacio Pinazo, entre otros.

Sin embargo, nacer en el Mediterráneo también parece proporcionar unas marcadas señas de identidad. Así lo entendió, en Cataluña, el noucentisme, con Joaquín Torres-García y Joaquim Sunyer a la cabeza, artistas que crearon un ideario y una imagen nacional basada en paisajes tranquilos y equilibrados, así como en una vida sencilla y natural heredera de una antigüedad inmutable.

La visión de este mundo idealizado en los artistas catalanes Joaquim Mir o Hermen Anglada Camarasa durante sus estancias en Mallorca se aproxima más a la de los pintores franceses. En este sentido, la isla se convierte en un símbolo de esa Arcadia que tanto anhelan, pero también en un espacio en el que experimentan con los colores puros, donde se dejan seducir por la naturaleza y donde buscar la luz clara. Esa misma experiencia es la de Monet a su llegada a Bordighera, como también la de Signac en Saint-Tropez o Derain en L’Estaque, del Braque de antes del cubismo, de Renoir en Les Collettes o de Pierre Bonnard en Le Cannet. Sin embargo, para italianos como De Chirico, Carlo Carrà o Massimo Campligi, con los que continúa el recorrido expositivo, el Mediterráneo parece más bien una idea: un concepto que preside la manera de pintar y que sin duda favorece el reencuentro con el clasicismo y sus propias raíces.

Tanto la obra de Matisse como la de Picasso, con quienes se cierra la exposición, aglutinan aspectos de los pintores anteriormente citados, como si con ellos el Mediterráneo llegara a su culminación. Por un lado, la placidez que transmiten las composiciones de Matisse, con su gusto por la pintura y por la vida. Por otro, la ambivalencia de las obras de Picasso: narrativas algunas, también clásicas y primitivas a un tiempo, donde se muestra toda la agresividad y la melancolía del artista, de una vida. Mientras Matisse celebra la naturaleza, Picasso parece no encontrar reposo y alterna estilos, buscando, sin hallarlo, el deleite de la pintura. Esta es la dialéctica que se encuentra en el seno del clasicismo, de un lenguaje al que los artistas vuelven una y otra vez mientras se abren a la modernidad.

La exposición, producida por Fundación MAPFRE, ha sido posible únicamente gracias al apoyo de los más de 70 prestadores que han colaborado en ella. Entre ellos destacan el Musée d’OrsayMusée national Picasso-Paris, el Musée Matisse Nice, el Centre Georges Pompidou, el Musée d’art moderne de la Ville de Paris, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Kunstmuseum Winterthur, el Columbus Museum of Arto el Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto. También ha sido imprescindible la generosa y extraordinaria disposición de las colecciones particulares que han accedido a prestar obras de una calidad extraordinaria.

Esta exposición forma parte del proyecto internacional Picasso-Mediterráneo, una iniciativa del Musée national Picasso-Paris. Este programa de exposiciones, actividades e intercambios científicos se desarrolla entre 2017 y 2019 y en él participan más de 70 instituciones internacionales: www.picasso-mediterranee.org